En décadas anteriores, mayo era el mes de inicio de la temporada de invierno. Por eso, en una sociedad rural como la santeña y herrerana, que dependía mayoritariamente de actividades agropecuarias, se producían una serie de ritos con los que se pretendía santificar el inicio de la nueva estación. Entre ellos se encontraba el Velorio de la Cruz, una actividad sacro y profana que congregaba a los sectores campesinos en torno al sagrado madero. En la fecha la población se agrupaba, piadosamente, en la capilla para cantarle a la cruz. La vigilia duraba toda la noche y se alternaban cantos de décimas con rosarios. Otros llevaban latitas con pequeños plantas de maíz o arroz para colocarla al pie de la cruz, con la esperanza de que el poder del Altísimo le dispensara un invierno pródigo en lluvias y alimentos.
La época contemporánea, con su proceso de secularización, ha modificado sustancialmente los patrones originales del Velorio de La Cruz; sin embargo, remanentes del antiguo rito aún se observan en algunos poblados de la Región de Cubitá (Azuero). Tal el caso de La Pasera de Guararé, en donde los feligreses todavía valoran un evento que estuvo tan ligado al ciclo de la cosecha campesina.
Escrito por el Profesor Milciades Pinzón.


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